viajar me ayuda a vivir

viajar me ayuda a vivir
mar

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuento de otoño

Una vez, hace ya mucho tiempo, hacía mucho frío; el invierno estaba cerca. Todos los pájaros emigrantes se  habían marchado hacía el sur, para quedarse allí hasta la primavera. Pero quedaba un pajarito que tenía un ala rota y no podía volar. No sabía que hacer. Miró a su alrededor para ver si encontraba un lugar dónde abrigarse. Y vio los hermosos árboles del enorme bosque.
Quizá los árboles me cobijarán durante el invierno-pensó.
Aleteando como pudo, con su ala rota, llegó hasta el lindero del bosque.
El primer árbol que vio fue un álamo blanco de hojas plateadas.


- Álamo, buen álamo ¿Puedo quedarme entre tus ramas hasta que llegue el invierno?
- ¡Qué pregunta! ¡Bastante trabajo tengo con cuidar de mis propias ramas! ¡Fuera de aquí!
El pajarito, triste y cabizbajo, siguió volando con dificultad hasta llegar al siguiente árbol. Un frondoso roble de ramas gruesas y fuertes.


- Roble, buen roble ¿Me darías cobijo entre tus ramas durante el invierno?
- Desde luego que no, picotearías mis bellotas ¡Fuera de aquí!
¡Pobre pajarito! Cada vez estaba más cansado y desalentado. Aún así, continuó su vuelo hasta llegar a la orilla de un río, donde se encontró con un sauce de ramas lánguidas y delgadas.



- Sauce de la orilla del río ¿Podría refugiarme entre tus ramas hasta que pase el frío?
- ¡Qué ocurrencias! Yo no cobijo jamás a desconocidos. ¡Fuera de aquí!
El frío estaba empezando a hacer mella en el cuerpo del pajarito, que se acurrucó como pudo entre unos matorrales. El abeto le vio y le preguntó:



-¿Adónde vas, pajarito?
- No sé adónde ir. Casi no puedo volar con mi ala rota, y los árboles no me quieren dar cobijo.
- Ven a mis ramas y quédate en ellas, a mi no me molestarás.
- ¿Podré quedarme en ellas todo el invierno?
- Claro que sí, así me harás compañía.
Su primo, el pino, que estaba cerca, le dijo:



- Mis ramas no son muy frondosas, pero protegeré al abeto del viento, porque soy grande y fuerte.
El enebro también estaba allí y ofreció sus frutos, bayas negras muy jugosas, que son un buen alimento para los pajaritos.



El pajarito estaba muy contento en su nueva casa caliente y abrigada, y todos los días iba a comer a las ramas del enebro.
Los otros árboles que vieron ésto refunfuñaron y protestaron.
- Yo no prestaría mis ramas a un desconocido-dijo el álamo
- Picotearía mis bellotas-dijo el roble.
- Yo no hablo jamás con desconocidos-dijo el sauce.
Aquella noche el viento del norte paso por el bosque. Sopló sobre los árboles con su aliento helado. Hoja que tocaba, hoja que caía. Quería tocar todas las hojas, porque al viento del norte le encanta ver los árboles desnudos.
- ¿Puedo jugar con todos los árboles?- preguntó a su padre, el Rey de la Escarcha.
-No-dijo el Rey-,los árboles que han sido buenos con el pajarito, pueden conservar sus hojas.
Y el viento del norte los dejo en paz, y el pino, el abeto y el enebro conservaron sus hojas todo el invierno hasta que brotaron las nuevas. Y desde entonces, siempre ha sido así.

Bryant, Sara C. El arte de contar cuentos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario